lunes, 4 de agosto de 2014

DESARROLLO DE UN NIÑO DE DOS AÑOS (PSICOLOGICO Y SU ALIMENTACION)



 Se refiere al desarrollo físico, cognitivo, lingüístico y socio-emocional de los niños y niñas de 0 a 8 años, de una manera integral para el cumplimiento de todos sus derechos.

El DIT comprende cuestiones relacionadas con la salud, el aprendizaje, la educación, el apoyo familiar, así como la  atención a la protección y bienestar social de ellos y ellas desde que nacen hasta los primeros años de la escuela primaria (aproximadamente hasta los ocho años).

Durante esta etapa los niños son más vulnerables y totalmente dependientes de los adultos para su alimentación, protección y cariño. En este sentido, la lactancia exclusiva hasta los seis meses es un elemento esencial para su salud y desarrollo y también para el fortalecimiento del vínculo y el apego con su madre. Esto les brinda a los niños y las niñas un sentido de seguridad, protección y pertenencia.
Desde el año de vida hasta los dos años, hay una consolidación de las habilidades motoras y del lenguaje en el niño. Pasamos revista a los principales logros de los pequeños de 24 meses:
 
La marcha va a adquirir estabilidad, al pasar de la inseguridad de la postura en rodillas semiflexionadas (con aumento de base de sustentación), al cambio del eje de gravedad hacia a tras (postura con rodillas extendidas y braceo para mejorar el equilibrio). Se trata de un patrón de movimiento que ya asemeja la marcha adulta. La exploración del entorno se amplía, pero el niño sigue necesitando la referencia del adulto como signo de seguridad.
   
El sueño nocturno ha ido aumentando en número de horas, y disminuyendo el diurno, que queda limitado a siestas de una o dos horas; la referencia del adulto y la ansiedad de separación como consecuencia de la percepción del yo como personalidad separada de sus padres, se refleja en ocasiones en el momento de ir a acostarse a dormir: la mayoría de los niños necesitan tener un objeto de apego, como un juguete o un tejido, que de algún modo suple esa necesidad de seguridad.
   
También la ingesta de alimentos se hace menor, lo que puede dar a los padres una falsa percepción de que la alimentación del niño está siendo insuficiente. Es labor del pediatra tranquilizarlos mostrándoles las curvas de crecimiento, en las que se puede objetivar que la ganancia de peso, talla y perímetro craneal están siendo las correctas.
   
El lenguaje sigue su progreso, de modo que hacia el vigésimo cuarto mes de vida (2 años) empiezan a emerger las frases, entendiendo como tales la unión de dos palabras, habitualmente un sustantivo y un verbo en infinitivo o gerundio. Es importante saber que el niño no alcanzará la madurez fonético-fonológica, es decir la capacidad de reproducir correctamente los sonidos de la lengua del entorno, hasta el cuarto año de vida y que la madurez morfosintáctica, es decir la capacidad de elaborar frases de estructura gramatical correcta, no se alcanza hasta el sexto año de vida.
   
La interrelación con el entorno es cada vez mas elaborada, persisten las rabietas como método de imponer su voluntad y explorar los límites de permisividad del entorno; surge la conducta de señalar, hacia el mes 18 y este hito constituye un referente madurativo de gran importancia a la hora de valorar la capacidad de interrelación y comunicación
   
La empatía aumenta e influye en una diferenciación muy clara entre propios y extraños. Empieza a tener conciencia de la utilización de objetos en su contexto y a utilizarlos (peine, vaso). Surge el juego simbólico que al principio se centra en sí mismo para transferirse después a los juguetes. En esta edad es útil iniciar al niño en rutinas diarias que le van a dar seguridad frente a todos los cambios que se avecinan.  
 

El niño de 1 a  años empieza a comer solo


•   Se produce un avance en la maduración psíquica y motora, lo que supone que el niño se haga menos dependiente de su madre.
   
•   Los dientes de leche se completan hacia los dos años y medio.
   
•   El ritmo de crecimiento es menor que en el lactante: aumenta de peso al día 6 gramos, es decir, 2,5 kilos al año; en cuanto a la talla, crece 12 centímetros a los dos años y 9 a los tres.
   
 
Esta etapa del niño supone la adaptación a la alimentación adulta; la familia es el pilar básico para la formación hábitos alimentarios, que se reforzarán desde la guardería.
 


Se producen una serie de cambios en la maduración psicomotora que repercutirán en el comportamiento de los niños hacia la comida:
 
•   Por un parte, perfeccionan la capacidad manual, al ser capaces de llevarse a la boca una cuchara alimentos semisólidos, sólidos y líquidos. Ya pueden tomar solos un plato de puré a los dos años. Es importante que el pequeño se esfuerce por comer solo sin la ayuda de sus padres.

A partir de esta edad es habitual ensayar la utilización del tenedor hasta que ya es capaz de pinchar pequeños trozos de un alimento sólido y llevarlos a la boca, así como de beber sin ayuda con un vaso o taza. A los tres años ya utiliza la cuchara correctamente y es capaz de tomar sopa sin derramarla.
   
En torno a los 18 meses, el niño se vuelve caprichoso y recurre a la negación como respuesta a todo, incluso a cosas que le agradan. A esta edad ya muestra preferencias y aversiones alimentarias, que van cambiando con el tiempo; no hay que prestarles demasiada atención. Si el pequeño rechaza un alimento, se le podrá ofrecer al cabo de unos días para ver cómo reacciona.
   
La capacidad de imitación se hace muy evidente a los dos y tres años. Es frecuente que durante las comidas el niño quiera alimentos que no estén en su plato y es positivo que se le den a probar. Otro punto fuerte es que coma en familia para observar su actitud frente a la comida. También desarrolla su lenguaje, aprendiendo vocabulario nuevo de nombres de alimentos o comidas que toma ; por ello, es muy importante que exista una buena comunicación con sus padres o cuidadores. 
   
Los colores vivos en las presentaciones de los platos le ayudan a comer mejor. En esta etapa se consolida la adaptación a los cuatro gustos básicos que le proporcionan los distintos alimentos: dulce, salado, amargo y ácido. Es importante que el ambiente en las comidas sea tranquilo y que el pequeño mastique bien los alimentos. A los tres años, el niño ya sabe identificar, comparar y clasificar objetos; su educación alimentaria se consolida.
   

















                       

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